
Me acostumbraste a tantas cosas,
Al campo donde los sueños se adormecen,
Al horizonte donde mi mirada desaparece,
A la caricia de la tierra bajo mis pies.
Me acostumbraste a tantas cosas,
Al centelleo del jardín de la noche,
Al canto del viento aún si llueve,
Al darme vuelta sin sola me sentir.
Me acostumbraste a tantas cosas,
A adivinar tu sueños detrás de tu mirada,
A sentir tu rostro acercarse a mi,
A abrir mis brazos para estrechar los tuyos.
Me acostumbré a tantas cosas,
A llenar el sol con tu presencia,
A recorrer tu cuerpo con mis labios,
A difundir la magia del amor en ti.

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